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Se trata de una tendencia instalada en Estados Unidos y Europa, pero ¿qué sucede en Argentina? Su funcionamiento, las posibilidades y limitaciones. 

Según la Organización Mundial de la Salud, en Argentina la esperanza de vida es en promedio de 77 años. Particularmente, las mujeres viven en promedio 80,3 años, mientras que los varones llegan a los 73,5. Los datos también evidencian que la población centenaria crece de forma anual e, incluso, se espera que dentro de dos décadas haya más de 40.000 personas de este rango etario. En ese marco, se vuelve urgente y necesario pensar soluciones que brinden una mejor calidad de vida a los adultos mayores.

Mucha gente se pregunta qué pasará con ellos cuando sean grandes, individuos que no requieren los cuidados de un geriátrico y son autosuficientes, pero que tras la independencia de los hijos ya no tienen ninguna actividad que los haga sentir en compañía o que no quieren quedar a cargo de su descendencia.  A diferencia de generaciones anteriores, son personas con un nivel de formación que exigen poder decidir sobre su futuro. 

La demanda sobre cohousing existe. Basta con sólo investigar los grupos de facebook y leer algunos de los cientos de pedidos de información, personas que quedaron viudas o se separaron, grupos de amigas que planean dónde pasar sus próximos años y hasta gente decidida a alejarse de la ciudad. Una persona comienza por una vivienda pequeña y se va agrandando a medida que avanza su crecimiento, si se casa o si forma una familia, una vez que llega a la etapa de adultez el proceso se vuelve a la inversa. Buscan salir de esas casas grandes, abandonar esos nidos que quedaron vacíos y habitar, en general, espacios más pequeños. Sin embargo, así como sucede con los más jóvenes en busca de residencias estudiantiles, en este caso el objetivo es el mismo: construir comunidad. “Hay una generación pensando y planificando la propia vejez y, además, la transmisión patrimonial”, señala la escribana y presidenta de la comisión de Innovación del Colegio de Escribanos, María Raquel Burgeño.

“Con mi señora hemos proyectado casarnos, convivir en determinado lugar, cambiar, viajar y nos parece muy importante proyectar la etapa después de la jubilación cuando ya no dependemos más de nadie”, cuenta Mario Benedetti de 76 años, doctor en Ingeniería Electrónica, promotor de este tipo de viviendas en la ciudad marplatense.

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¿Qué es el cohousing?

El cohousing es un concepto que nació en los años 70 en Suecia, Dinamarca y Holanda como un estilo de vida colaborativo. Hay distintos tipos, aunque en general se trata de cooperativas autogestionadas por personas mayores que habitan un espacio diseñado en conjunto por ellas mismas. La mayoría de los modelos comparten la regla de equilibrar la privacidad y la comunidad. 

Se trata de contar con espacios comunes donde se realicen distintas actividades recreativas y luego cada uno cuenta con su propia casa o su propia habitación equipada. Se pueden ofrecer distintos servicios como limpieza, restaurante, cocina y hasta enfermería, pero definitivamente no tiene el mismo objetivo que las residencias geriátricas. A la hora de pensarlo se presentan dos alternativas: conformar un nuevo grupo de personas en el que se pondrán en juego las propias idiosincrasias de cada individuo o unirse con círculos de amigos y conocidos para conformar el cohousing. En la mayoría de los casos hacen talleres y encuentros previos para que el proceso de formación de la comunidad sea más ameno.

“Trabajar en comunidad significa de alguna manera saber que tenemos cosas comunes, que podemos compartir, que tenemos proyectos y que no somos personas que no podemos hacer nada y estamos tiradas en un sillón”, enfatiza Benedetti, que explica que lo ideal es comenzar con la proyección a los 55 o 60 años. “Se gana en vida, se gana en años, se gana en salud, se gana contacto con la naturaleza”, puntualiza.

Los beneficios a la vista son claros: un cambio en el estilo de vida, acompañamiento y entretenimiento permanente, una solución para la soledad y actividades para mantener la lucidez. No obstante, este tipo de iniciativa requiere contar con un capital de dinero que hace que no sea accesible para cualquiera. 

La arquitecta Paulina Wajngort, desarrollista del tema cohousing, CEO de la consultora  Amazing Senior Resorts Argentina, no ve posible la implementación inmediata de este tipo de viviendas en Argentina debido a la falta de previsibilidad y de un marco regulatorio. Además, aclara que no es un estilo de vida “para cualquiera”, por la demanda de una gran inversión de capital y por el ritmo de vida que implica una vida en comunidad. En ese sentido, destaca la importancia de que cada cohousing cuente con ciertas pautas de convivencia. “El grupo es el que tiene que regular las cosas”, señala.

¿Cómo funciona el cohousing?

Desde el punto de vista legal, si bien no existe un marco regulatorio específico para este tipo de modalidad de vivienda, hay ciertas formas jurídicas que pueden aplicarse. La escribana María Raquel Burgeño señala que la pregunta más importante para realizar es qué es lo que busca la persona. “Nosotros tenemos figuras que en la práctica funcionaron para otras actividades, una fue el tiempo compartido, vos comprabas un tiempo en un lugar, pero no tenías el derecho real del dominio”, ejemplifica y explica que, en cambio, si la persona busca el dominio de la parcela o vivienda se debe contemplar otra figura jurídica. 

“El cohousing es darle un nombre nuevo a una propiedad horizontal dentro de un barrio privado donde las parcelas van a ser más chicas”, afirma. Además, resalta la diferencia entre formar parte de una asociación y comprar la participación de la tierra y la posibilidad de ser propietario

En muchos casos para el cohousing funcionan modelos de cooperativa, mutual o asociación que utilizan el derecho de cesión de uso, lo que significa que la persona no es propietaria, sino que tiene derecho de uso delegable y transmisible siempre a través de la comunidad.  Se trata de un dominio del usufructo que la escribana explica como el típico caso que sucede cuando los padres se reservan el derecho de uso y los hijos tienen la propiedad con la proyección de que una vez que sus progenitores no estén pasen a tener ellos el dominio. 

Otra de las formas jurídicas que se pueden implementar en un cohousing es la venta del ejercicio del derecho. “La persona te vende el ejercicio del derecho, no te vende la propiedad”, explica Burgueño. Esa posibilidad se da mientras dura el contrato o el usufructo, el plazo máximo es de 30 años y finaliza con el uso de la persona, es decir, que no es heredable. Únicamente es posible heredar la propiedad en caso de compra de la unidad.

La escribana recomienda que no se fuerce a utilizar figuras jurídicas del extranjero cuando el derecho nacional no está receptivo a aplicarlo y reflexiona que es fundamental tomar este modelo como un proyecto que se debe analizar desde el punto de vista antropológico, sociológico, cultural y técnico.

Por su parte, el promotor del cohousing en Mar del Plata, Mario Benedetti señala que su proyecto funcionaría de la siguiente forma: “Somos accionistas con derecho al uso de la casa mientras estemos o vivamos”. En su caso, las decisiones son tomadas en conjunto como si fueran una cooperativa, pero después el derecho de uso queda sujeto según la plata que se haya invertido.

En San Luis existe un proyecto de viviendas colaborativas, Cohousing Agrupación Tierra Caranday, pensado para un grupo reducido de nueve personas de 50 a 55 años. Una vez que esté finalizado, ofrecen la posibilidad de ir a probar la experiencia durante 15 días o un mes, debido al cambio de vida que significa irse lejos de la ciudad y del núcleo urbano para vivir en una zona rural. La propuesta consiste en actividades grupales, talleres recreativos, limpieza y provisión de todas las comidas. A diferencia de los otros proyectos, se trata de un alquiler temporal de habitaciones. 

Vivienda colaborativa en Argentina

En Argentina, el Presidente Alberto Fernández anunció la puesta en marcha del programa Casa Propia – Casa Activa. Será implementado por el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat junto con PAMI, en el marco del programa Casa Propia – Construir Futuro. Es la primera política pública de hábitat integral y vivienda colaborativa para personas mayores de 60 años. Las viviendas serán entregadas en comodato, es decir, en préstamo de uso como solución habitacional o para quienes no pueden acceder a un crédito hipotecario

En el anuncio se explicó que se construirán 100 complejos de 32 departamentos cada uno a lo largo del país y que contarán con espacios comunes para la realización de actividades lúdicas. Además, tendrán un Centro de Día donde el personal de PAMI brindará servicios de salud primaria y terapeútica. 

A nivel internacional

En Europa y Estados Unidos, cohousing o senior cohousing, que es el nombre que corresponde al grupo de tercera edad, son palabras corrientes. Allí los modelos están instalados y hay una tendencia para envejecer rodeado de pares. En Barcelona incluso existe MOVICOMA, un estudio sobre el movimiento de viviendas colaborativas para personas mayores que mapea las distintas iniciativas que existen a nivel internacional.

Así es el caso de un proyecto para mayores en Sevilla llevado adelante por la cooperativa Cuslar Sevilla. La iniciativa comenzó en el año 2010 en la Universidad de Sevilla a partir de la propuesta de un profesor. “Tras unos años captando a personas interesadas, formamos una asociación en 2014. Creamos un grupo embrionario y, tras varios intentos de captar a un número suficiente de socios, se abandonó el proyecto en 2016. Este fenómeno se produce en el 90% de los proyectos”, explica Joaquín Lima, presidente de la asociación, en relación a la dificultad que tuvieron para lograr conformar un grupo de adultos mayores que quisieran participar de este cohousing. Finalmente, en 2018 constituyeron la cooperativa actual y comenzaron a captar personas para la compra del terreno, hoy en día son 37 socios. 

Lima cuenta que en España funcionan 14 cohousings de este tipo y hay cientos en desarrollos, a pesar de la falta de regulación legal. Para su proyecto antes de iniciar la construcción aportan 45.000 € y luego pagan un préstamo hipotecario para alcanzar el precio de la construcción final. “Dado que no se adquiere la propiedad, al abandonar el proyecto se recibe la cantidad aportada”, concluye Lima.

El cohousing en Argentina es un proyecto que todavía no se instaló culturalmente y quizás esa sea una de las barreras más complejas a la hora de que se establezcan. Se trata de generaciones que acostumbran la tradición de poseer una casa propia y tener la escritura en mano, costumbre que será difícil modificar, pero que tal vez abra una puerta para las próximas.

imagen principal: Freepik

Por: Mora Violante

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2 Comentarios

  • Susana dice:

    Hola me interesa cohousing soy de la plata
    necesito mas info, gracias!

  • Yanina dice:

    Gracias Mora por tu entrevista, esperamos a todas las personas mayores de 55 a vivir su propia experiencia en Agrupación Tierra Caranday. Estamos al pie de las sierras provincia de San Luis.

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