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Entre las calles Valle, Del Barco Centenera, Emilio Mitre y Pedro Goyena, casas bajas de estilo británico conforman un espacio atractivo para los porteños.

En febrero Caballito cumplió 200 años, fecha en que se conmemora que Nicolas Vila adquirió el terreno donde haría la  famosa pulpería que, más tarde, daría nombre al barrio. Dentro de la Comuna 6 hay un conjunto de casas que parecen de película y hasta de otro país: “El Barrio Inglés es como una suerte de burbuja dentro del barrio”, destaca el arquitecto y director de Lepore, Agustín Walger. 

El Barrio Inglés es un paseo con tinte británico, que fue construido en el año 1923 originalmente para trabajadores del ferrocarril como un emprendimiento a cargo del Banco El hogar Argentino, una entidad financiera que se encargaba de facilitar el acceso de viviendas a los trabajadores. Actualmente, una calle lleva el nombre del presidente de la institución, Nicolás Videla, y del funcionario Antonio Ferrari.

Con estilo anglosajón se erigen casas, chalets y casonas blancas, de rejas oscuras y patios delanteros que tienen impresas en la fachada los apellidos “Molina y Bilbao” o “Eduardo Lanús”, los arquitectos responsables de la mayoría de las construcciones de la zona residencial. Como no cuentan con garajes, el mito urbano que circula confirma que se debe a que en aquella época a los directivos los pasaban a buscar choferes y los llevaban hasta el ferrocarril. Sin embargo, hay quienes afirman que simplemente se trata de una particularidad de la época en la que las casas porteñas no contaban con este espacio.

La tranquilidad reina en las calles, aún adoquinadas, casi no pasan autos e incluso los vecinos de zonas cercanas se acercan cada fin de semana como un paseo.

El boom de edificación moderna en Caballito no consumió al barrio, afortunadamente el Barrio Inglés es Área de Protección Histórica bajo la ley desde el año 2007. A diferencia de ello, en Pedro Goyena, la edificación moderna y la expansión de los locales comerciales arrasó con las casas típicas del barrio. “Si bien está delimitado por lo que es Valle, Goyena, Centenera y Emilio Mitre, si hacés un par de cuadras sigue la línea de construcción, llega hasta al otro lado de Rivadavia como Paysandú”, cuenta el arquitecto.

A su vez, explica que la decisión de habitar este barrio además de la tranquilidad y la seguridad permanente, también está atravesada por la característica de ser una zona protegida: “Tenés garantizado que mañana no te vayan a hacer un edificio con altura, no tenes el riesgo ni de que haya sombra ni de perder la privacidad”.

“Las casas de ahí adentro son las más caras del barrio” señala Walger y explica que, a diferencia de otras propiedades de la zona, no se busca lo moderno sino que el objetivo es preservar el estilo tanto de la fachada como del interior: pisos de madera, vitraux, boiserie. 

A su vez, aquellos que no habitan el “circuito cerrado” eligen y buscan edificios modernos en el perímetro que miren al barrio. “Como no se puede construir en esa zona, tenés una vista abierta”, indica el director de Lepore.

Joyas históricas

El tranvía es la atracción central. La primera salida por el barrio fue en 1984 y hoy todos los sábados de 16 a 19:30 y los domingos de 10 a 13 y de 16 a 19:30 salen paseos gratuitos desde Emilio Mitre y Bonifacio. Un viaje al pasado ideal para chicos y grandes que carga con la historia del barrio. Dato importante: suelen hacerse largas colas de espera debido a la cantidad de personas que pueden viajar por la situación sanitaria, es recomendable ir temprano. 

Gentileza Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires: travel.buenosaires.gob.ar

La magia se mantiene intacta, conductores uniformados y boleto al subir. Los choferes asienten al unísono que el tranvía es el símbolo principal de Caballito. En la zona también se puede visitar el Mercado del Progreso, uno de los sobrevivientes en su tipo, que en sus inicios, hace más de 130 años, era el principal centro de abastecimiento de los barrios aledaños. Actualmente, fue declarado como edificio de interés cultural y cuenta con 17 puestos variados que se destacan por sus productos de calidad. 

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Circuito gastronómico

Pedro Goyena tiene su oferta gastronómica muy desarrollada desde hace más de cinco años, cervecerías, heladerías y cafés se asentaron en la avenida arbolada para conformar un punto de encuentro en Caballito. La expansión alcanzó Valle y las distintas intersecciones, “le empezó a generar una vida al barrio” enfatiza el arquitecto, que analiza que esta situación modificó los planes de las familias de la zona. Los jóvenes una vez que crecían abandonaban la casa de Caballito y se iban a Palermo y los padres cuando se achicaban lo hacían en el barrio Belgrano. “La familia de Caballito se dividía en Palermo y Belgrano, hoy esa situación cambió y la gente se queda”.

Actualmente, a unos pasos del barrio, cadenas como Le Blé, Nucha, La Panera Rosa, el Podio, Adorado Bar, la confitería Es Ruiz y las cervecerías Antares y Bélgica conforman parte del polo.

En esta línea, el arquitecto pronostica un posible atractivo para el alquiler temporal debido a la zona, los medios de transporte, la oferta gastronómica y la identidad del barrio. Incluso, a la hora de recorrer sus calles se escuchan por ahí comentarios atónitos de porteños que descubren que el circuito es casi de interés turístico: “mi amiga de Brasil me dijo que quería venir a conocerlo”.

El paseo por el Barrio Inglés es un plan obligado con cámara en mano.

Imagen principal: Mora Violante

Por: Mora Violante.

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