La Casa Mínima: una pequeña joya histórica en San Telmo

La Casa Mínima: una pequeña joya histórica en San Telmo

Sobre el pequeño pasaje San Lorenzo al 380 se encuentra la casa más angosta de Buenos Aires, bautizada por los vecinos como la Casa Mínima. Tiene 2,30 metros de ancho y forma parte del complejo histórico El Zanjón de Granados. En #HistoriaDetrásDeUnaFachada, te contamos los mitos y leyendas de esta pequeña vivienda:

“La casa más pequeña de Buenos Aires, sin llegar al adobe o a la lata debe ser ésta de este callejón de San Lorenzo, viejo guión que va desde Balcarce a Paseo Colón. Yo no voy a decir el número. El que quiera, que la busque. Más que casa, es una interesección, mejor, una fisura que llenaron de ladrillo y cal para que no se vea el azul del cielo”, así describía a la Casa Mínima el poeta Baldomero Fernández Moreno.

Una puerta de dos hojas verde, un farol clásico, una pequeña ventana con cortinas tejidas a crochet y un balconcito francés forman parte de la fachada blanca semirevestida de ladrillo. La casa aún conserva los materiales originales del siglo XVIII: paredes de barro cocido y bosta, restos de antiguo revoque, vigas y puertas de madera. 

Construida a principio del 1800, la pequeña residencia solía formar parte de una estructura más grande. Este hecho fue descubierto por José María Peña, arquitecto y director del Museo de la Ciudad, que encontró un catastro de esa época en el que se muestra que el terreno donde actualmente está la casa mínima era parte de una propiedad que tenía 16 metros de frente con 17 de fondo. 

Interior de Casa Mínima. Crédito: Lucía Benavente.

A partir de la difusión de artículos en diversos medios, se propagó la idea de que en tiempos coloniales existieron este tipo de propiedades ínfimas que construían los esclavos libertos en pequeñas porciones de tierra que les cedían sus antiguos amos. “Se  inventó un modelo de vivienda determinada para dar un marco constructivo simpático a algunos datos reales, como por ejemplo el buen trato general que se daba a los esclavos en Buenos Aires”, afirma el arquitecto Pablo López Coda en el artículo La Casa Mínima: una historia y una leyenda. 

Después de diversas investigaciones, como las del arquitecto José María Peña y Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana, se comprobó que el mito de que la Casa Mínima era la casa de un esclavo liberto era falso y que era parte de una casa mayor que sobrevivió a los embates del tiempo

Jorge Eckstein ya tenía experiencia en restauraciones cuando decidió comprar la Casa Mínima. Este químico de raíces húngaras y vecino de San Telmo había logrado una restauración exitosa del complejo histórico Zanjón de Granados, una propiedad que se encuentra a metros de la Casa Mínima sobre la calle Defensa. Aunque la idea original era utilizarlo con fines comerciales, cuando Eckstein descubrió esta joya arqueológica decidió devolverle su esencia y su historia. La misma intención tuvo al adquirir la Casa Mínima en 1994. El objetivo era conciliar los diferentes estilos arquitectónicos y materiales que devinieron con el paso del tiempo.

Como querían conocer el origen de la construcción, buscaron en los catastros más antiguos. Encontraron asentado en el plano del primer reparto de lotes realizado por Juan de Garay en 1580 que el terreno había pertenecido a Antón de Porras. “Jorge certifica la presencia de Porras yendo al Archivo de Indias en Sevilla. Allí se encuentra el archivo más grande de documentos y planos”, cuenta el guía y museólogo Enrique Salmoiraghi. 

Durante la época colonial, San Telmo era un barrio formado por familias de alta alcurnia. La gran casona de la que formaba parte la Casa Mínima, situada entre Defensa y el pasaje San Lorenzo, había pertenecido a familias como los Lezica, los Peña y los Serrano, entre otras. Actualmente, los apellidos que pasaron por la casa se encuentran grabados en una placa de mármol en el suelo del lugar.

Apellidos de los sucesivos propietarios de Casa Mínima. Crédito: Lucía Benavente.

Luego de grandes oleadas de inmigración y graves epidemias, la clase pudiente se mudó a zonas altas de la ciudad. San Telmo se pobló mayormente de inmigrantes, criollos y esclavos libertos. La población afroamericana fue muy importante e influyó en mitos, candombes y costumbres. Muchas de las grandes casas de familias apoderadas se convirtieron en conventillos y lo mismo sucedió con la estructura a la que pertenecía la Casa Mínima. 

La casona de la que la Casa Mínima quedó como residuo arquitectónico tenía su entrada principal por la calle Defensa. En ella se observan leyendas sobre pantallas y carteles que relatan su historia. Un ejemplo es la testamentaria de Francisco Serrano que enumera a sus esclavos como bienes materiales. Se lee: “Un cuadro de San Lasaro”, “Una tinaja vidriada de echar agua” y “4 esclavos a saber: felis Antonio mulato como de edad 16 años, Joseph Mulato de edad 3 años, una negra llamada Rosa como de edad de veinte años más o menos, otra llamada Ana como de 15 años”.

A través de los años, la Casa Mínima pasó por todo tipo de dueños. Antes que la adquiriera Eckstein estuvo alquilada por el artista plástico Silvio Bassi. Hoy los dameros del patio principal se encuentran completamente despojados, pero en tiempos de Bassi aquello parecía un botánico con helechos, pequeñas palmeras e, incluso, brotes verdes que salían de las paredes. Esto sucedía porque los ladrillos de los muros se unían con barro, según Salmoiraghi.

En el patio de dameros nace una escalera de madera apoyada en la medianera este que lleva a la única habitación de esta pequeña casa. Tiene el aspecto de una caja de zapatos, larga y angosta. Se compone de vigas de madera en el techo, revoques originales de barro y bosta y listones de madera en el suelo. “Lo  más interesante de esta puerta es que su pintura original, parcialmente oculta bajo dos tonos de verde, es de color rojo punzó. El descubrimiento de este tipo de pintura aplicada directa­mente sobre el sustrato de madera, indicaría que la habitación en altos fue edificada antes o durante el gobierno  de Juan Manuel de Rosas”, revela López Coda respecto de la puerta de entrada.  

La única entrada de luz de la habitación proviene de una puerta ventana vidriada de dos hojas con un dintel arqueado. A través de ella es inevitable observar el empedrado del pasaje San Lorenzo y pensar en la cantidad de acontecimientos que se pueden haber visto desde este punto: revoluciones, fiestas, candombes y en la actualidad grupos de turistas que se acercan a conocer la historia de la Casa Mínima.

Información importante:

Las visitas guiadas son los viernes a las 15 hs  y los domingos de 11 a 17 hs. Las entradas salen 250 pesos para los residentes y 300 pesos para los extranjeros. Se sacan en el Zanjón de Granados (Defensa 755) y es necesario estar 10 minutos antes en la puerta antes de que comience el tour.

Esperamos que te haya interesado esta historia. Si estás buscando propiedades únicas, hace click en Zonaprop.com.ar y vas a encontrar miles de avisos de inmuebles disponibles.

 

Fotos: Lucía Benavente.

Por: Lucía Benavente.

 

Más noticias