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Un día como hoy pero de 1906 se inauguraba el edificio del Congreso Nacional. Cómo surgió el proyecto de lo que hoy representa uno de los puntos más emblemáticos para los argentinos.

En sus pasillos no solo se respira democracia, sino que a lo largo de sus 115 años de historia supo convertirse en un símbolo argentino, donde tanto puertas adentro como en sus alrededores, los ciudadanos se reunieron para los eventos más trascendentales de la historia del país. 

Enmarcado entre las avenidas Rivadavia, Entre Ríos y las calles Combate de Los Pozos e Hipólito Yrigiyen, sus más de 12.000 metros cuadrados se construyeron alrededor de lo que es el kilómetro cero de las Rutas Nacionales.

El proyecto para su construcción surgió en 1894, cuando se llamó a un concurso internacional para que se presentaran los planes para levantar el futuro palacio legislativo. El elegido fue el del arquitecto italiano Vittorio Meano, quien dirigió las obras hasta su fallecimiento, y continuadas por el belga Jules Dormal, que fue también uno de los constructores del Teatro Colón.

Las obras, para las que se contrataron a mil operarios, se iniciaron en 1898 y, si bien quedó inaugurado en 1906, no estuvo terminado hasta 1946. El 12 de mayo de 1906 el palacio recibió por primera vez a los Senadores y Diputados, con el discurso de apertura de sesiones ordinarias del entonces Presidente José Figueroa Alcorta, sus puertas quedaron oficialmente abiertas.

El estilo del imponente edificio declarado Monumento Histórico y Artístico Nacional corresponde al alto academicismo italiano de finales del siglo XIX. A la fachada que se levanta sobre la avenida Entre Ríos se la ve decorada con su cientos de esculturas y relieves tan característicos que no dejan de sorprender a cualquiera que pase caminando por su puerta, aunque ya sea conocedor de la zona, por su sinfín de detalles que vienen del arte clásico reversionado. Y, por supuesto, completan la visual las escalinatas acompañadas de una rampa para carruajes que, por un minuto, nos hacen dar un viaje en el tiempo.

El gran remate, y lo que termina de dar su identidad al edificio, es la gran cúpula de ochenta metros de altura, revestida en cobre que, al contacto con el aire, toma su característico color verde. 

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Sus pasillos…

Puertas adentro, además de las imponentes cámaras de Senadores y Diputados, hay varios salones emblemáticos como el Salón Azul o el Salón de los Pasos Perdidos. En total el palacio tiene cuatro pisos y un subsuelo, donde se despliegan más de 7.000 metros cuadrados de oficinas, 430 metros de patios y más de 1100 puertas y ventanas. Un auténtico laberinto para quien no es habitué. 

El recinto donde ejercen su labor los Senadores tiene 72 bancas y dos pisos de galerías destinadas al público y la prensa. Está decorado por cortinados y alfombrados color púrpura en honor a los antiguos legisladores romanos. El de Diputados es, lógicamente, mucho más grande, ya que alberga 257 bancas e incluye tres pisos con balcones o palcos en galería. En el ambiente predominan los mármoles de tonos claros y las columnas monumentales. 

En el famoso Salón de Pasos Perdidos, el tradicional espacio donde los periodistas suelen esperar a los congresistas luego de las sesiones, se exhiben  dos grandes óleos sobre telas: una de ellas representa el debate de los Constituyentes del 21 de abril de 1853, del artista argentino Antonio Alice, y otra obra del uruguayo Juan Manuel Blanes, pintor de cuadros históricos. El salón se completa con los vitraux que representan la ciencia, los recursos económicos, las artes, el trabajo y la guerra.

El Salón Azul, punto medio exacto de toda la edificación, se ubicó el templete que guarda el libro en el que fue escrito el texto de la Constitución de 1853. Allí se velaron los restos de los presidentes Juan Domingo Perón y Arturo Illia, entre otras figuras políticas.

Otro de los salones más destacados es el Salón de las Provincias, monumental y de doble altura que forma parte del acceso ceremonial al Palacio. Su gran vitral representa a la República Argentina en un fondo de campos cultivados que simboliza el progreso económico que aseguraba la unidad política nacional.

El Congreso no estaría completo sin la plaza que se despliega en frente y que es sede de incontables encuentros políticos y manifestaciones. Ese espacio, también destacado por albergar al famoso Pensador de Rodin, surgió por iniciativa del senador Miguel Cané en 1905 y se levantó en una serie de terrenos expropiados.

Gentileza Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires: travel.buenosaires.gob.ar

Imagen principal: Gentileza Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires: travel.buenosaires.gob.ar

 Por: Eugenia Iglesias.

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