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En el marco del día mundial del medio ambiente y en pos de hacer un uso consciente de los recursos, qué cambios se pueden hacer en el hogar para que alcanzar el objetivo.

“Yo quiero que mi casa sea sustentable”, empiezan a esbozar algunos millennials y centennials. Las nuevas generaciones entienden que la sustentabilidad es el futuro y en ese sentido deciden incorporar prácticas más amigables con el planeta, el gasto y el consumo desde en todas las áreas de la vida cotidiana.  Si bien existen numerosas propuestas para la construcción de una vivienda sustentable, la pregunta es qué se puede hacer cuando la casa ya está construida. 

“Lo principal es verificar la calidad del envolvente y que no tenga filtraciones de aire” explica Ariel Sueiro, arquitecto, consultor en eficiencia energética, construcción sustentable y sistemas constructivos y docente en “Arquitectura bioclimática y sustentable”, que además señala la importancia de controlar dónde se encuentran las pérdidas térmicas y de conocer cómo trabaja la carpintería de cada hogar y conocer con qué tipos de vidrio se cuenta. Cualquiera sea el caso, anticipa que se pueden hacer los cambios en etapas.

Los ejes son la energía, la eficiencia y el diagnóstico energético. Este último es un estudio básico de eficiencia energética donde se visita la casa, se analizan los consumos y las posibilidades existentes de optimización de suministros energéticos, de uso de energía renovables e, incluso, del consumo del agua.  En este sentido, Sueiro relata la importancia del etiquetado energético, práctica que se realiza hace más de 15 años en Europa, y que se encuentra en las inmobiliarias del viejo continente, pero que aún no se consolidó en nuestro país.

A nivel nacional, desde el 2019 rige la norma IRAM 11900 que establece el etiquetado energético de los edificios y las viviendas y se basa en el concepto de la eficiencia energética como herramienta esencial tanto para contribuir con el cuidado ambiental como para mejorar los consumos como para obtener ahorros. De esta forma, la etiqueta le informa a sus usuarios el nivel de aislación de las paredes y techos y la eficiencia en relación a la cantidad de energía que se necesita para calefaccionar. “El etiquetado energético es el primer intento de racionalizar que vivienda uno tiene o se va a comprar”, afirma. 

En Argentina, el Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas busca introducir la Etiqueta de Eficiencia Energética como un instrumento que brinde información a los usuarios acerca de las prestaciones energéticas de una vivienda y que, además, sea una herramienta adicional a la hora de avanzar en un proyecto, en refacciones o en la compra de un inmueble. Desde el 2017 se realizaron seis pruebas piloto en distintas provincias y se etiquetaron más de 1400 viviendas.

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Otras opciones

En caso de no contar con el suficiente dinero, el arquitecto propone burletear la carpintería, “es fundamental tener cuidado donde puede ingresar el frío”. Verificar envolvente, muros, corroborar la existencia de humedad y hongos son otros de los factores clave. En ese caso, es posible hacer un tratamiento  donde se realiza un aislamiento térmico interno o externo con yeso o con SATE- Sistema aislamiento técnico exterior-  un envolvente para mejorar la eficiencia energética. Sueiro ejemplifica, “cualquier fachada al norte con más de 30% de vidrio está gastando energía por demás”. Y señala que las construcciones deben tener un control externo: “El calor hay que pararlo afuera de la carpintería, no adentro”.

¿Qué sucede en el caso de los departamentos? Las opciones son más limitadas y “solo podés hacer aislamiento del lado de adentro”, aclara Sueiro y resalta la importancia de la normativa respecto a la envolvente. “Si yo tengo un departamento en la mitad del edificio no tengo problema arriba y abajo, el problema es en el muro. Si tengo una casa, la quinta fachada es la más importante porque es donde más da el sol en verano”, describe.

Respecto a la quinta fachada, dentro de las múltiples posibilidades que existen, destaca los techos verdes y detalla que la sustentabilidad además se da por la cantidad de verde que se agrega  a la vivienda.“La norma IRAM 11065 pide doble aislación en esta fachada para las zonas más cálidas y una alternativa es un buen techo, como pueden ser los techos verdes”, propone y añade: “Lo más recomendable es que sean plantas nativas y de la zona”

A su vez, destaca algunos puntos como el uso del timer para regular la luz y recoger agua de la lluvia. Respecto a otras prácticas que colaboren con la eficiencia energética el arquitecto asegura “la domótica está cerca”. La domótica implica el uso de la tecnología automatizada para programar la vivienda según necesidades que se puede gestionar de forma inalámbrica y en tiempo real. 

En relación a la eficiencia menciona que la casa más ineficiente es la casa country o suburbana. “Es mucho más eficiente la ciudad porque tengo menos pérdida, tengo un techo para diez pisos. El condominio sería la figura del medio”, comenta.  La eficiencia es un factor fundamental a la hora de buscar una vivienda. “La gente busca la más eficiente para no tener que mejorarla y segundo porque dice no quiero gastar energía que no voy a poder pagar”, indica el arquitecto.

Dicen que comer más sano es más caro, ¿una construcción más sustentable es más cara? La respuesta queda en evidencia y es clara: no. “Si haces un buen proyecto bioclimático, no tenés gasto”, aclara Sueiro. Es que la protección térmica es lo que posibilita el día de mañana ahorrar en, por ejemplo, refrigerar el hogar y en esa línea, “las mejoras en eficiencia energética son inversión”.

De camino a la economía circular, la vivienda no se queda atrás. “La arquitectura va a pasar de artesanal a la arquitectura industrializada y después va a pasar a la 4.0 que es mucho más sustentable”, enfatiza Sueiro. “El siglo XXI quedó claro  que es el fin del derroche” , finaliza.

Por: Mora Violante

Imagen principal: Freepik

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