Casa Calise: una restauración que cambió a una comunidad vecinal

Casa Calise: una restauración que cambió a una comunidad vecinal

Al caminar por Balvanera los paseantes del barrio se detienen a observar la imponente fachada de Casa Calise, un emblema porteño del art nouveau. Se trata de una construcción de 1911 llevada a cabo por el arquitecto italiano Virginio Colombo. En #HistoriaDetrásDeUnaFachada te contamos acerca de su proceso de restauración y su importancia en el tejido urbano:

El edificio fue concebido como una casa de renta que le encargó a Colombo la adinerada familia Calise, un clan italiano dueño de viñedos en Mendoza. Ocupa 8.000 m2 de superficie y tiene tres cuerpos en los que se distribuyen 36 departamentos. Pero no es su gran tamaño lo que capta la atención de los vecinos del barrio, sino su fachada repleta de esculturas realizadas por Ercole Passina. Querubines, mujeres semidesnudas, una pareja enamorada y diferentes bustos adornan este frente. 

En 2014 comenzaron las tareas de restauración de Casa Calise. Se encontraba muy deteriorada y había sufrido desprendimientos de su fachada, erosionada por el paso del tiempo y los embates del clima. En ese momento, Fernando Tuma Moreno y Tamara Yepes, una pareja residente del edificio, se propusieron iniciar con la restauración para cumplir con la ley 257 de la legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que comporta el mantenimiento en buen estado de los frentes de los edificios por parte de los propietarios. 

Lo cierto es que a través de los años la Casa Calise había perdido el brillo y magnificencia que la caracterizaban. El esplendor que supo tener cuando la inauguró Colombo se había visto disminuido por los maltratos de algunos residentes, vecinos del barrio y por la propia temporalidad. La tarea a cumplir era clara pero compleja: revalorizar el patrimonio histórico a través de una restauración minuciosa del edificio. 

A partir de esta premisa un grupo de vecinos, con Fernando Tuma Moreno a la cabeza, se pusieron manos a la obra: formaron un equipo de trabajo e iniciaron la restauración para devolverle su esencia a la Casa Calise. Las refacciones fueron costosas, aunque debido a la antigüedad y valor patrimonial del edificio obtuvieron ayuda financiera. La obra duró siete meses, aunque Tuma Moreno concuerda en que aún quedan tareas por realizar.

El edificio estaba muy degradado y en un estado crítico, de hecho, no podíamos conseguir administrador porque creían que estaba tomado”, explica Tuma Moreno. A través de la Ley de Mecenazgo, el apoyo de tres empresas, instituciones y la organización de los residentes del edificio, se logró reunir $4,1 millones de pesos para comenzar con la restauración. Con este dinero se iluminó el edificio con LEDs, se renovó la pintura, se restauraron piezas destruidas por el tiempo, se hicieron arreglos en las estatuas, se hizo una limpieza profunda de los espacios y se realizó un trabajo de reparación sobre las herrerías y la puerta de entrada. 

Casa Calise es una de las cincuenta obras arquitectónicas de Colombo en Buenos Aires. El arquitecto milanés nació en 1885 y migró a Argentina en 1906 para trabajar en el Palacio de Tribunales. Fue alumno de Giuseppe Sommaruga, una de las principales influencias del liberty milanés, una variante del art nouveau. Trabajó para una clientela italiana adinerada y diseñó edificios como la Società Unione Operai Italiani, la casa de los Pavos Reales y la Casa Grimoldi.  Para el apoderado de la restauración, Casa Calise fue “una carta de presentación de Colombo”. 

La firma de Colombo no sólo está escrita en la fachada, sino también se encuentra en la puerta de entrada de hierro forjado en la figura de un nautilus. Esta forma que representa el interior espiralado de un caracol se asocia a la divina proporción o el número áureo. Además, también forman parte de las entrada unas hojas de parra en los confines del nautilus que referencian el origen vitivinícola de la familia Calise. Al igual que las esculturas de los racimos en vid.

Nautilus de la puerta de Casa Calise. Imagen: Lucía Benavente.

 

La arquitecta Elina Tassara, especialista en patrimonio, se encargó de la restauración del edificio. Se respetó el estilo del art nouveau italiano y se procuró utilizar materiales similares o idénticos a los de la época. En cada rincón se puede apreciar el valor arquitectónico de la propiedad y de sus materiales: las teselas de los pisos, el mármol de Carrara de las escaleras, la herrería de los balcones, barandas y puertas y la carpintería de cedro.

Cuando cae el sol, el hall de entrada de Casa Calise se llena de colores que son proyectados a través de los vitrales. Fueron refaccionados por Antigua Casa Soler, una firma de Buenos Aires dedicada a la producción de vitrales. Durante la reforma, los vitralistas descubrieron que en su estudio tenían los planos de los motivos originales de estas obras de arte que Colombo le había encargado al catalán José Soler, fundador del negocio. 

Vitral Casa Calise. Imagen: Lucía Benavente.

Al entrar, el vitral que primero capta la mirada es el de una mujer con joyas y flores alrededor. Inusualmente, por detrás la figura no se replica y la cara de esta dama está cubierta por un esmalte blanco. Este hecho es un símbolo más que demuestra que Casa Calise fue construida para ser observada desde el exterior.

La fachada y sus imágenes escultóricas también cuentan una historia. En particular, las figuras centrales en la zona superior del edificio: un hombre y una mujer que entre sábanas se miran con amor. Es uno de los edificios de Buenos Aires con más figuras escultóricas en su frente, tiene al menos 35 piezas. 

Escultura de los amantes en la fachada de Casa Calise. Imagen: Lucía Benavente.

Escultura de los amantes en la fachada de Casa Calise. Imagen: Lucía Benavente.

Un dato curioso de esta joya del art nouveau porteño: en su planta baja se fundó la marca La Campagnola y tuvo allí su primer local. Hoy en uno de esos mismos locales comerciales del edificio planea inaugurarse un centro cultural. De acuerdo a Tuma Moreno: “El arte y la cultura ayuda muchísimo a que la gente se involucre”. 

La restauración de Casa Calise fue un antes y un después en la comunidad de residentes del edificio e, incluso, en la vida del barrio de Balvanera. “Yo aprendí que la generación de los problemas de arquitectura tienen que ver con las relaciones de la gente, vos no podés resolver la arquitectura si antes no resolviste los problemas de la gente que la administra. Es como un test proyectivo: de la misma forma que vos cuando dibujas un árbol de una manera puntual en una hoja te está hablando de lo que te está pasando, podés ver en los lugares comunes de un edificio lo que le está pasando a una comunidad”, dice Tuma Moreno.

La restauración fue un desafío, pero finalmente la esencia y la estética propuestas por Colombo se recuperaron. Hoy, las unidades se han revalorizado, los vecinos residen de otra forma y ningún paseante puede quedarse impasible ante semejante obra.

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Fotos: Lucía Benavente.

Por: Lucía Benavente.

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