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En el día del estudiante, charlamos con la creadora de la cuenta de Instagram que nació con el objetivo de ayudar en plena pandemia y hoy ya alcanza más de 22.000 seguidores.

Johanna Coifman está en quinto año de la carrera de Arquitectura en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, cuando estaba en su último año de secundaria comenzó a averiguar las posibilidades de carreras que existían porque no estaba segura qué quería hacer. La premisa era que fuera una carrera que le permitiera hacer muchas cosas con la misma base.

En su secundaria tenía la orientación de construcciones con una base similar a lo que sería arquitectura, entonces había muchas cosas que ya conocía. En ese proceso de búsqueda, hizo orientación vocacional y el profesional le preguntó: “¿Por qué no arquitectura?” Ningún punto en contra apareció y ahí empezó el camino. Sin embargo, el vínculo con el mundo de la construcción, el diseño y los edificios comenzó con sus viajes cuando era más chica. “Tuve la suerte de poder conocer un montón de ciudades y lo que más me gustaba la hora de saber que iba a viajar a un lugar ir a ponerme a averiguar qué edificios, qué museos, qué lugares podía ir a visitar esa ciudad y también la historia”.

Tiempo antes de crear la cuenta que hoy se convirtió en proyecto y comunidad, tenía otra que se llamaba “Preparen maletas” sobre viajes. Pero la pandemia y quince días de aislamiento tras volver de un viaje hicieron que el espíritu inquieto empezara a germinar una idea. En ese contexto, se puso a leer los grupos de Facebook, herramientas claves para cualquier estudiante universitario. Allí, se encontró con la incertidumbre propia del momento, donde todavía no se conocía qué iba a suceder con las clases, la presencialidad y la actividad fuera de casa. Y con esa incertidumbre, miles de jóvenes estudiantes que ingresaban en su primer año de facultad sin pisar siquiera el edificio. “Ahí me surgen las ganas de ayudar desde mi experiencia porque yo ya era estudiante avanzada de la carrera y podía responder todas las preguntas o ayudar a la gente que recién empezaba la carrera”, explica Johanna que, en un primer momento planeaba recomendar libros, videos o herramientas que pudieran hacer de la carrera un momento más leve.

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Pese a que le daba vergüenza inició desde el anonimato ArqBookVirtual como conjunción de las palabras arquitectura, libro y virtual. Lo pensó como un espacio para compartir material de lectura y estudio para quienes necesitaran y quisieran adelantar cuando todavía no era claro cómo iba a seguir el año.  Con el pasar de las publicaciones la gente empezó a demandar otro tipo de contenido, consejos propios del nicho de la carrera. Así se abría la puerta para la generación de contenido. Con poco conocimiento al respecto de edición y manejo de redes sociales, Johanna tomó el desafío para “comunicar bien” sobre arquitectura y todas sus aplicaciones. 

Actualmente, los libros y los documentales son solo un detalle extra, hoy explica qué materiales son mejores para las maquetas, comparte grupos de estudio, organiza y avisa fechas importantes, explica cómo estudiar, de dónde sacar inspiración e, incluso, muestra todo el proceso durante su propia cursada. A su vez, lo que empezó sin un rumbo fijo se expandió y conformó una comunidad, donde no sólo intercambian estudiantes principiantes con otros más avanzados, sino que también participan profesionales del sector y estudios de arquitectura. La cuenta de Instagram pasó a ser un acercamiento para los y las estudiantes, un espacio para entender qué se puede hacer con la formación, dónde se puede aplicar y todo en primera persona, desde los ojos de una estudiante detrás de la cuenta.

Los límites nunca están claros cuando se trata de redes, pero Johanna plantea que “el futuro es a lo que me pida la gente”. “La idea de esta cuenta es ayudar y enseñar”, sintetiza. 

Un apoyo exacerbado y una recepción inesperada, mensajes de agradecimiento a la hora de aprobar exámenes y conocer materias. “No sabía cómo iba a resultar, a cuántos iba ayudar realmente”, cuenta. “Creo que estábamos todos medios perdidos con la distancia y la virtualidad y fue como un lugar donde todos nos encontramos y teníamos para ayudarnos, ponernos dudas, recomendarnos cosas”, reflexiona Johanna.

“La verdad es que es una carrera que se trabaja mucho en equipo y está muy bueno que se haya creado una comunidad entre todos”, resalta. Si bien empezó con gente solo de la Universidad de Buenos Aires, hoy en día alumnos de todas las provincias y de varios países de habla hispana se sumaron a la comunidad.  Como una pieza de dominó que empujó a otras, Johanna como estudiante incentivó a otros tantos a seguir la carrera y a buscar la motivación colectiva, aún cuando la organización no reinaba en el día a día.

Imagen principal: Sven Mike para Unsplash

Por: Mora Violante

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