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En el marco del Día Mundial del Arte, cuáles son algunos de los símbolos arquitectónicos de nuestro país, que por su magnitud e imponencia se convirtieron en verdaderas obras de arte.

Desde el año 2019, se seleccionó el día 15 de abril, fecha en la que nació Leonardo Da Vinci, para conmemorar esta fecha con el objetivo de reforzar el vínculo entre el arte y la cultura, exponer  y fomentar una mayor conciencia de la diversidad ante las distintas expresiones artísticas. Si bien el debate sobre si la arquitectura es o no arte, es un camino arduo que tiene posiciones enfrentadas,  lo cierto es que muchas obras, construcciones y edificios lograron convertirse en reflejo de expresiones artísticas de cada época.

El edificio Kavanagh, el Palacio Barolo o la Galería Güemes son algunos ejemplos de joyas arquitectónicas que fueron una revelación para su época.

Otro gran ejemplo es la sede central del Banco de Londres y América del Sur. Construida por ​​Clorindo Testa, arquitecto y artista visual, el edificio supo consagrarse como una expresión del brutalismo, un movimiento que buscó instalar el ladrillo, el hierro y el hormigón a la vista y que además potencia la búsqueda de la luz. La fachada con sus “pantallas” caladas de hormigón conjugaron de manera perfecta con los edificios de alrededor en pleno centro porteño. Entre transparencias que obligan a bajar la mirada y conocer el interior, se convirtió en un ícono que además, posibilitó entender el banco a puertas abiertas, algo que hasta ese momento no sucedía. “Siempre me llamó mucho la atención la espacialidad, la posición relativa del observador como varía fuera y dentro de esa obra. Cuando estás afuera la vez como una gigante escultura de hormigón armado con sus caladuras y ritmos y cuando estás adentro lo que ves son las fachadas integradas de los otros edificios”, describe la arquitecta Adriana Elvira Piastrellini.

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Federico Cairoli en Plataforma Arquitectura

Por fuera del centro de la ciudad, en Mar del Plata, la casa del Puente realizada por Amancio Williams entre 1943 y 1946 junto con la arquitecta Delfina Gálvez de Williams, y pensada para que funcione el estudio de música de su padre es otra de las grandes obras considerada como símbolo artístico. Es una referencia del Movimiento moderno argentino, que además plasma el vínculo entre la naturaleza y el hombre, ya que se constituyó por encima del arroyo. “Resolvió una situación del arroyo con una resolución estructural y una síntesis arquitectónica tan grande que la convierte en una obra de arte”, plantea la arquitecta. Es una propuesta de tres dimensiones: el plano de la terraza, el cuerpo principal y la superficie curva. 

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También, es posible destacar entre las obras, la Floralis Genérica, ícono turístico de Buenos Aires y del barrio de Recoleta, su nombre refiere a todas las flores del mundo. En palabras de su creador, el arquitecto Eduardo Catalano, menciona: “Es mi esperanza que esta flor llene el silencio poético de Buenos Aires”. La flor geométrica realizada en aluminio y acero inoxidable busca demostrar la esencia de la ciudad. No solo es una obra de arquitectura, sino que también es una obra de ingeniería. En ese sentido, a diferencia de otros símbolos de distintas ciudades, esta tiene movimiento, se abre de día y se cierra de noche.  “Ha logrado un aporte, no solamente estético sino, un elemento que cobra vida con los movimientos y con la iluminación”, finaliza Piastrellini.

Imagen principal: Gentileza Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires: travel.buenosaires.gob.ar

Por: Mora Violante

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