En el Día Mundial del Urbanismo repensamos tres debates que atraviesan la escena actual: la perspectiva de género, el impacto de la tecnología y cómo minimizar la huella en el medio ambiente. Esta fecha se celebra desde el 8 de noviembre 1949 por una iniciativa del ingeniero argentino Carlos María Della Paolera que se canalizó a través del Instituto Superior de Urbanismo de la Ciudad de Buenos Aires. Su objetivo: “la expresión de los elementos naturales que integran el indiscutido ideal urbanístico” en nuestro territorio.

Un urbanismo con perspectiva de género:

En la actualidad, el movimiento feminista ha dado grandes debates en diferentes ámbitos y el urbanismo no podía quedarse atrás. El urbanismo con perspectiva de género cuestiona el diseño de las ciudades, para quién se produce la ciudad y quienes la producen. Piensa  cómo otros y otras viven la ciudad y de qué modo rearmar una planificación urbana. Pone el foco en aquellas tareas tradicionalmente asignadas al género femenino que no se tomaron en cuenta en los diseños de las ciudades para así lograr equiparar la balanza. 

“Creo que el gran aporte fue, en primer lugar, desnaturalizar la producción de espacio urbano como estaba pensada siempre desde una mirada no sólo masculina, sino a partir de muchos componentes de clase. Desde el hombre blanco con cierta capacidad económica”, dice Guadalupe Granero, coordinadora del área urbana del Centro de Estudios Metropolitanos (CEM), arquitecta y magister en Planificación Urbana y Regional. 

El urbanismo atravesado por el género considera a la ciudad a escala humana, donde la cercanía de los servicios e infraestructuras como escuelas, hospitales y centros comerciales es clave para que las mujeres transiten la ciudad más cómodamente y sin invertir gran cantidad de tiempo. En este punto, pensar la escala a nivel barrial es fundamental teniendo en cuenta los recorridos que realizan las mujeres, el modo en que se trasladan de un lugar a otro y la seguridad de los mismos. 

Para la socióloga estadounidense Saskia Sassen la ciudad global es un espacio de poder, estratégico para el capital global.  “Los impactos son contradictorios para las mujeres: las ciudades son lugares de explotación y lugares de resistencia”, reflexiona en torno a este debate.

Se analiza cómo están pensadas las ciudades hoy y cómo deberían ser pensadas incluyendo a todos. Cuando se habla de perspectiva de género no estamos hablando de una cuestión binaria, sino planteando las necesidades particulares de cada persona que habita la ciudad. Las complejidades de las personas discapacitadas, de los adultos mayores y de los niños”, explica Martín Motta, arquitecto y doctor en urbanismo.

Algunos ejemplos del uso del urbanismo en pos de una mirada que contemple la cuestión de género, refieren a la seguridad, la iluminación de las calles y la movilidad. Según Motta: Las mujeres tienen muchos más recorridos peatonales que los hombres y esos recorridos los hacen, en general, acompañadas con niños o con adultos mayores. Esto complejiza muchísimo el pensar esa movilidad, porque ya hay que articular la escala peatonal y la accesibilidad”. 

Granero considera que el urbanismo con perspectiva de género ha logrado permear la agenda clásica y tradicional de la planificación urbana: “Hoy en día hay muchas reflexiones sobre qué espacios se usan, de qué manera se usan, cómo se puede producir un equipamiento urbano que cuide y que brinde seguridad a las mujeres y a las disidencias. Ha aportado una mirada importante para repensar el urbanismo”.

Un urbanismo sustentable:

Otro de los debates fundamentales y necesarios de la actualidad es el cuidado del medio ambiente. El impacto de la construcción, el gasto energético y la planificación urbana insostenible perjudican diariamente el ecosistema. Se convierte en un imperativo reformular e implementar nuevas estrategias.

Hay una planificación urbana que todavía no termina de hacerse cargo de en dónde se produce ciudad y cuál es el vínculo de la ciudad con ese entorno natural. No sólo porque el entorno natural cumple funciones ambientales, sino porque también cumple muchas funciones productivas. Hay toda una dimensión de cómo se gestiona el territorio que me parece que todavía está ausente”, analiza la coordinadora del área urbana del CEM. 

En noviembre de 2008 la ciudad de Buenos Aires sancionó el Plan Urbano Ambiental que legisla respecto del tratamiento de los residuos, los espacios verdes, el arbolado urbano y el uso del agua, entre otros aspectos relativos a la sustentabilidad del medio ambiente, pero, actualmente, no se implementa.

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Tiene que haber un cambio a nivel institucional en la política, cambiar el paradigma de gestión, ajustando el gobierno local, y nosotros tenemos que poder pensar no solo espacios de gestión, sino también en funcionarios que estén formados con capacidad para integrar lo urbano con lo ambiental”, formula Granero respecto a esta problemática.

Estrategias como el fomento del uso del transporte público, la peatonalización y la promoción de transporte no motorizado, como la bicicleta, aportan a la sustentabilidad y a la baja de las emisiones contaminantes.

A pesar de que a nivel demográfico la ciudad de Buenos Aires no se encuentra en crecimiento, el espacio urbano continúa en aumento y se suscita una discusión en relación al modo en que las ciudades deberían desarrollarse. “Ahí existe un debate entre crecer y no crecer, entre contribuir a la mancha urbana o no. Tiene que ver con empezar a repensar la densidad en las ciudades y si estas tienen que ser más compactas, utilizar menos suelo, menos extensión de transporte y volver a la centralidad o se tiene que seguir promoviendo la vida verde en countries y hacia la periferia”, detalla Motta. 

Por otro parte, una de las características más importantes de un urbanismo sustentable es la dimensión social, el rol de la sociedad y su influencia en el hábitat. Motta cree que “si hay cultura ciudadana y hay una construcción social de la ciudad, esa ciudad va a tener un impacto menor en el medio ambiente”

Ciudades Inteligentes: tecnología, sostenibilidad y desarrollo económico

A partir de los nuevos avances tecnológicos, se modifica el modo de entender y diseñar el espacio urbano con el uso de novedosas herramientas. La población mundial continúa en crecimiento y aparece la necesidad de reinventar las ciudades.

El origen de la ciudad inteligente viene ligado a la explosión de las tecnologías de la información y la comunicación aplicada a procesos de gestión urbana. Una de las grandes temáticas en relación al auge tecnológico es el paradigma de las ciudades como grandes generadoras y continentes de datos y cómo aprovecharlos para obtener una mejor gestión de la ciudad.

La digitalización genera una discusión sobre la producción, la administración y la sistematización de datos. A partir del uso de las aplicaciones la gestión de la información pública se ha democratizado y, a la vez, ha quedado en manos de privados. 

“En las ciudades latinoamericanas, lo que pasó con el apogeo de las ciudades inteligentes es que los gobiernos locales tercerizaron algunas de estas funciones en empresas que tienen una capacidad y un poder fundamental que es el de manejar el increíble volumen de datos que genera toda esta tecnologización de algunos servicios”, advierte Granero. 

Martín Motta tiene una visión distinta respecto de la implementación de la tecnología en las ciudades que resalta el concepto de participación comunitaria. “Yo creo que tenemos que empezar a usar más la tecnología para que los ciudadanos tomen decisiones respecto a la ciudad y sus procesos participativos. Me parece que el eje de participación, de estar informado y tener servicios a través del celular, va a seguir creciendo”, asegura.

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Crédito imagen:  畅 苏 en Pixabay.

Por: Lucía Benavente.

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