Le Corbusier y su huella en Argentina

Le Corbusier y su huella en Argentina

Cada primer lunes de octubre, por disposición de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), se celebra el Día Mundial de la Arquitectura. Para conmemorar esa fecha, hoy analizamos la influencia del gran arquitecto francés Le Corbusier en Argentina.

Charles-Édouard Jeanneret, más conocido como Le Corbusier, comenzó a viajar a Latinoamérica a partir de 1929. Aquí encontró el caldo de cultivo ideal para desarrollar y difundir las ideas del Movimiento Moderno y L’Esprit Nouveau. Era un arquitecto, urbanista y artista plástico suizo, nacionalizado francés.

Su figura pareciera que no admite crítica y representa para la arquitectura lo que Picasso para la pintura o Einstein para la física. Aunque nunca se recibió de arquitecto, ni tuvo estudios formales de arquitectura, su aprendizaje lo hizo muy joven, de manera autodidacta, y en las oficinas de arquitectos como Perret en Francia o Behrens en Alemania”, articula Ana Cravino, doctora, arquitecta y docente en la UBA.

Los académicos definen su estilo arquitectónico como racionalista. Le Corbusier formó parte del movimiento moderno que proponía que la estética siguiera las innovaciones tecnológicas que formaban parte del mundo a comienzos del siglo XX, tales como: las máquinas industriales, los aviones o los grandes transatlánticos. “Por eso llamaba a sus obras ‘máquinas para habitar”, asegura Fernando Luis Martínez Nespral, arquitecto y especialista en historia y crítica de la arquitectura y el urbanismo.

Para este artista del urbanismo la nueva arquitectura debía cumplir cinco puntos fundamentales: pilotis que elevan la casa y la despegan del suelo para la circulación de los autos o su estacionamiento, planta libre diseñada sin las limitaciones de la estructura de muros tradicional, fachada libre que se independiza de la planta y se libera de su función estructural, ventana apaisada que puede abarcar todo el ancho de la construcción, mejora la relación con el exterior y permite una mayor entrada de luz natural, y, finalmente, una terraza jardín para devolver la superficie robada a la naturaleza por la vivienda en la cubierta del edificio.

Su estilo representó un cambio de paradigma en la arquitectura a nivel mundial. De acuerdo a Martínez Nespral: “Se considera como el quiebre de los estilos historicistas academicistas anteriores, conocidos vulgarmente en Buenos Aires como ‘estilo francés’, y el paso a una nueva tendencia más despojada y minimalista”.

En octubre de 1929 Le Corbusier inicia un ciclo de 10 conferencias en Buenos Aires. A partir de ese momento, toma relevancia su influencia en la Argentina. La Asociación Amigos del Arte gestiona la visita del arquitecto francés y, por indicador del consejero Real de Azúa, la Universidad de Buenos Aires decide hacerse cargo de las conferencias por un importe de $2400.

“Cuando L. C. llega a Buenos Aires y da sus conferencias en Amigos de Arte, de la calle Florida, el impacto que nos produjo fue muy grande. Recuerdo claramente su verba y su modo de dibujar, croquis rápidos llenos de sugestión y colorido que hoy se pueden contemplar en su libro PRECISIONES”, cuenta el arquitecto Eduardo Sacriste en su texto A cincuenta años de la visita de L. C a Buenos Aires.

Cuando Le Corbusier decide emprender la gira americana, se encontraba un punto de inflexión de su carrera. “Tenía 42 años y ya había hecho las obras más emblemáticas y conocidas, como la Villa la Roche, la Villa Stein, el conjunto de Pessac, los prototipos en la Weissenhofsiedlung en Stuttgart y estaba iniciando la construcción de su famosa Villa Savoye”, analiza Cravino. Ahora, quería dar el salto de arquitecto a constructor de ciudades.

Es, sin dudas, uno de los principales arquitectos del siglo XX. Uno de los fundadores del movimiento moderno e impulsores de la arquitectura racionalista”, afirma Martínez Nespral respecto del célebre arquitecto francés.

El impacto de las ideas de Le Corbusier en Argentina fue decisivo en el trabajo de muchos arquitectos nacionales. “La arquitectura del movimiento moderno tuvo una notoria influencia en Argentina. Desde sus comienzos, arquitectos como Alberto Prebisch y Alberto Vilar, se manifestaron como seguidores de las ideas de Le Corbusier. Más adelante, otros como Ferrari Hardoy, Kurchan o Williams fueron discípulos e impulsores de sus ideas en todas las escalas, desde los grandes planes urbanos hasta el diseño de muebles y objetos”, dice Martínez Nespral.

Skyline de Buenos Aires por Le Corbusier.

Le Corbusier se codea con la élite intelectual y política de Argentina. De hecho, la Asociación Amigos del Arte, que lo invita  por primera vez a Argentina, era un grupo de intelectuales entre los que se encontraba Victoria Ocampo, admiradora del arquitecto y fiel difusora de sus ideas. “Deseaba tener contactos con sectores de poder de América Latina para hacer algunas obras y, en la medida de lo posible, concretar sus proyectos urbanos”, aclara Cravino acerca de sus relaciones.

Según Cravino, la visión de Le Corbusier sobre América Latina es semejante a la que ofrece la película “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, protagonizada por Rodolfo Valentino. “Los argentinos, y los brasileños también, eran una especie de europeos en el exilio, un poco salvajes e ingenuos, que poseían toda la riqueza de una pampa inmensa, sujetos posibles de ser convencidos y educados para que permitieran concretar las transformaciones urbanas que él proponía, puesto que no carecían de los recursos monetarios”, afirma.

Actualmente, la única obra materializada en Argentina y en el continente americano por Le Corbusier es Casa Curutchet. Se trata de una vivienda en la ciudad de La Plata encargada por el médico cirujano argentino Pedro Curutchet y llevada a cabo Amancio Williams, un discípulo del francés, en el rol de director de obra. Es la misma casa que ha sido la protagonista de la película de Mariano Cohn y Gastón Duprat, “El hombre de al lado”.

La impronta de Le Corbusier se encuentra en numerosos edificios argentinos. Martínez Nespral enumera ciertas obras que representan su estilo arquitectónico: la Casa Vilar en San Isidro, los ateliers de Antonio Bonet en Suipacha y Paraguay, el edificio Terraza Palace en Mar del Plata, también de Bonet, la Casa OKS en Martínez y la casa de Victoria Ocampo, proyecto de Alejandro Bustillo.

Le Corbusier era, en primer lugar, un sujeto incansable: pintaba de día, iba al estudio profesional que compartía con su primo y su socia a la tarde y a la noche escribía”, define Cravino. “En segundo lugar, era un personaje carismático que tenía una elevada autoestima lo cual lo impulsaba a confrontar a través de propuestas o afirmaciones polémicas. La imagen que se tenía de él era de un arquitecto revolucionario y progresista con ideas de izquierda”.

En la actualidad, su figura, como muchas otras, bajó del pedestal y perdió parte del brillo del bronce. Su posición política con respecto al fascismo y al nazismo ha sido revisada, así como su papel en la república de Vichy”, reflexiona la doctora en arquitectura. Sin embargo, a pesar de las controversias respecto de su persona, Le Corbusier se convirtió en un símbolo de un cambio de concepción arquitectónico a nivel mundial y en Argentina tuvo grandes seguidores.

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Crédito foto principal: Danielsantiago9128 [CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons

Crédito foto Le Corbusier: Joop van Bilsen / Anefo [CC0], via Wikimedia Commons

Por: Lucía Benavente.

 

 

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