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El país vecino ofrece estabilidad económica y beneficios financieros, lo que hace que muchas empresas se instalen en sus tierras y con ello, muchos argentinos profesionales ponen el ojo para emigrar. Qué es lo que tienta a los argentinos y qué ventajas ofrece.

“Felicitaciones, venga a gobernar a Argentina”, se escucha en un video que se hizo viral este verano donde un argentino saluda al presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou. Históricamente, los argentinos aman las tierras del país oriental. Ya sea por sus bellezas naturales o la calidez de su gente, siempre fue uno de los destinos favoritos tanto para visitar como para invertir. 

Pero luego de la pandemia, el interés se redobló. Uruguay vivió una cuarentena menos estricta, y se despegó cada vez más de la Argentina respecto a sus políticas para atraer inversiones y empresas. 

“La Argentina es muy inestable en cuanto a lo político, social, económico y hasta en seguridad. Para las empresas es muy difícil mantenerse y hacer negocios. Y para los exportadores una quimera. La inflación y el dólar, hacen imposible realizar negocios con continuidad. Por lo tanto, deciden salir del país”, analiza Gonzalo Martínez, CEO de Moebius Consultora Inmobiliaria, basada en Uruguay. 

De los vecinos rioplatenses, los argentinos valoran varios aspectos. “Uruguay es el país más parecido a la Argentina, pero sin conflictos, con todos los servicios, estable, seguro, los recibe con los brazos abiertos, sin ponerles ningún tipo de trabas”, continúa Martínez y destaca otro aspecto simple pero fundamental: la cercanía. Uruguay está a un paso, y permite instalarse en familia, sin alejarse tanto de los seres queridos. 

Varios se animan a llamarlo “la Suiza de América” por su tamaño, su calidad de vida y sus números. En 2020, Uruguay registró el PBI per cápita más alto de Latinoamérica con casi USD 16.000. Y a su tradición de estabilidad y previsibilidad macroeconómica, el presidente Lacalle Pou tomó medidas muy bien recibidas por el mundo empresario: exenciones impositivas a corporaciones, exenciones impositivas a personas de altos patrimonios, y el desarrollo y fomento de plataformas off-shore.

Además, de acuerdo a un informe de Transparencia Internacional, Uruguay con 71 puntos es el mejor país de la región y el segundo de América por detrás de Canadá respecto a corrupción. Esta puntuación lo ubica en el puesto 21 sobre un total de 180 países.

“En Uruguay no hay sorpresas o cambios de reglamentaciones. La inflación es menos del 1% por mes y no hay corrupción. Hace unos años estuvimos reunidos con dos empresarios de la construcción españoles con el ministro de Turismo durante 2 horas. Al salir me dijeron asombrados: ´¡Nos recibió el ministro, increíble! ¡Y no nos pidió plata!’”, ejemplifica Martínez con una anécdota que resume a la perfección el sentimiento que buscan los expatriados: un país sencillo, tranquilo, seguro y estable.

Varios empresarios de primera línea ya plantaron bandera en esas tierras. Desde el creador del unicornio MercadoLibre, Marcos Galperin, hastaotras compañías de tecnología de punta que optaron por tener parte de su operación allí, como Satellogic o Etermax. 

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“Los impuestos son más bajos que en Argentina, hay libertad cambiaria y eso ya es mucho, para quien necesita un banco para hacer negocios”, resalta Martínez.

Todo esto se traduce en más movimiento inmobiliario y capital que se inyecta al mercado. Este tipo de perfil de profesionales prefiere instalarse en ciudades como Punta del Este o Montevideo, donde hay buena oferta de colegios privados -sobre todo bilingües- que reciben a sus hijos sin trabas.

También hay supermercados en todos los barrios, buena red de transporte público y se circula sin embotellamientos, explica Martínez. Además, acceden a buenas coberturas médicas y propiedades de primer nivel, con terrazas o amenities o casas con jardín, las más buscadas en la post pandemia, según el experto. “Hay calidad de vida, que es lo que más se está buscando luego de la pandemia”.

“En definitiva, se puede vivir tranquilo, sin sobresaltos, con seguridad jurídica. Y a un ritmo de paso de tango, siempre bien, sin sobresaltos”,concluye.

Por: Eugenia Iglesias.

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