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La revalorización de los espacios verdes, la imposibilidad de habitar masivamente lugares públicos y el auge de la bicicleta como transporte son premisas de la llamada “nueva realidad”. Es que la pandemia obligó a repensar lo dado y lo conocido y, a su vez, potenció la virtualidad, la hiperconectividad, la falta de ocio, el contacto con el afuera, la preocupación por el futuro y la sostenibilidad. 

Los conglomerados urbanos con tanta densidad poblacional implican “riesgo de contagio”, asegura Guillermo Tella, Director Ejecutivo del Consejo de Planeamiento Estratégico de la Ciudad de Buenos Aires. Aunque, afirma que también es eso lo que promueve la prestación de servicios y de esa forma el problema se transforma en solución. “Debemos repensar esta contradicción en términos de compacidad sin saturación, de habitación sin hacinamiento”, analiza el arquitecto.  El riesgo no se halla en la cantidad de gente que habita un determinado lugar, sino en la concentración que puede haber en las viviendas y las condiciones de habitabilidad e infraestructura de las ciudades. 
Por su parte, Guadalupe Granero  coordinadora del área urbana del Centro de Estudios Metropolitanos (CEM), arquitecta y magíster en Planificación Urbana y Regional, explica: “Es necesario tener una planificación urbana donde el rol del estado sea significativo”. Además, considera que la forma en que los ciudadanos habitan los espacios excede a la capacidad de la planificación urbana, pero que es importante la convivencia de ambos componentes.

Habitar lo público

Los espacios públicos como nuevo punto de encuentro son ahora poblados multitudinariamente, la pandemia recordó que no son solo espacios de tránsito, sino también de interacción social.  Guillermo Tella advierte la aparición de “policías del espacio” para controlar la circulación, “el stay home <quedarse en casa> como confinamiento colectivo obligatorio y la aplicación de protocolos para el desarrollo de cada actividad con distanciamiento social”. Estas normas, según explica, se apoyan en la construcción de controlables como puertas, bordes y fronteras.

Antes del estallido de la pandemia, las ciudades estaban en un auge hacia lo colectivo, trabajos en oficinas de coworking, restaurantes con mesas colectivas y un elevado uso del transporte público. Todo eso debió transformarse. “Lo cierto es que los espacios urbanos serán cada vez más densos y tendrán que afrontar crecientes problemas de gestión de recursos, provisión de servicios, movilidad urbana, sostenibilidad ambiental”, alerta Tella.

Gaba Najmanovich, analista de tendencias, afirma que hoy “el espacio abierto es el espacio de seguridad”, lo cual puede sonar sumamente contradictorio a la imagen mental que existe de seguridad vinculada a lugares cerrados. El distanciamiento y la importancia en la ventilación hacen que se conceptualice de otra forma lo que se conocía como espacio público, en los días que corren, su calidad es más importante que nunca. 

Ante la falta de plazas y parques y su sectorización desigual, existen nuevas alternativas que invitan a pensar el contacto con la naturaleza desde otra forma, a partir de la arquitectura y el diseño. “Los edificios ya están incorporando el verde en el esqueleto”, menciona la especialista. Terrazas, techos y azoteas verdes son tendencias que modifican el paisaje urbano. “La ciudad crece verticalmente y  el verde también empieza a tomar la verticalidad”, concluye Gaba. 

“Al haberse reducido nuestro ámbito de circulación, no solo por el confinamiento en nuestras casas, sino también por tener circuitos de circulación mucho más cortos, el urbanismo táctico vuelve a cobrar vitalidad para generar una riqueza que en el cotidiano se da a escala metropolitana.”, asegura Granero. El urbanismo táctico es una alternativa que consiste en intervenciones pequeñas y temporales que, según reflexiona, buscan dar “soluciones un poco más humanas para recuperar espacios en los barrios”. De todas formas, advierte que hay partes de la ciudad en las que existen problemas estructurales como, por ejemplo, la falta del servicio de agua, que no pueden ser resueltos de esta forma. Se evidencia, por tanto, el impacto directo de la pandemia en la desigualdad y en grupos vulnerables que residen en zonas con precariedad habitacional. “El urbanismo es entonces la herramienta para crear condiciones para la integración ciudadana”, subraya Tella.

Nuevos patrones de movilidad

En términos de movilidad, la bicicleta se destaca como una de las tendencias a las que dio origen el aislamiento y la premisa de distanciamiento social. Al respecto, Gaba Najmanovich analiza: “Claramente la forma en que nos movemos impacta en la forma en la que vivimos y los lugares a los que accedemos también”. Además, este medio de transporte es un nuevo hábito que se propulsa desde la sustentabilidad, la seguridad y la accesibilidad. “Es una respuesta al movimiento de wellness”, es decir, al equilibrio saludable entre el nivel mental, físico y emocional. 

La llegada de las dos ruedas impacta definitivamente en el desarrollo de ciclovías y en la necesidad de ganarle terreno a la calle que, hasta hace poco, estaba conquistada por autos. Asimismo, la diseñadora explica que esta circunstancia exige que “como consumidores, adaptemos nuestro comportamiento para que haya otro tipo de convivencia en el espacio”. Por otra parte, los modos de circulación están muy medidos y controlados, definidos según cada persona a partir de la cantidad de gente que concurre a un determinado lugar y la franja horaria con menos tránsito. 

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La ciudad de los 15 minutos: ¿la solución?

El proyecto “Ciudad de quince minutos” que propuso Carlos Moreno, director científico y catedrático de Emprendimiento, Territorio e Innovación de la Universidad Sorbona de París, si bien aparece como respuesta ante el cambio climático, hay quienes creen que puede ser una solución viable para hacerle frente a la coyuntura actual. Como detalla Granero, “las ideas de la ciudad de 15 minutos redundan en que uno pueda tener las necesidades básicas del diario en una distancia cercana al hogar, implica tener un acceso rápido al lugar de trabajo y a los lugares con equipamiento urbano: la salud, la educación, el comercio de cercanía.”  

Propone numerosos beneficios a nivel social, ambiental y económico, de manera tal que este tipo de ciudad tiene un eje muy vinculado a la sustentabilidad, en primer lugar desde la revalorización de los desplazamientos a pie o en bicicleta.  En esa línea Guillermo Tella propone: “Enriquecer el espacio público local a partir de un modelo de aprovisionamiento en centros comerciales de proximidad, de pequeña escala, que desaliente las grandes superficies, que se integre al entorno urbano, que conserve los elementos característicos de vecindad”. Sin embargo, la coordinadora del área urbana del Centro de Estudios Metropolitanos (CEM), analiza que este tipo de propuesta depende de numerosas variables que exceden a la planificación urbana.  

El arquitecto y doctor en urbanismo argentino plantea que el futuro son las ciudades inteligentes, es decir, aquellas que integran la economía, la producción, la movilidad, el ambiente, la gestión, la ciudadanía, el territorio y los recursos mediante el uso de tecnologías de información y comunicación en pos de promover el desarrollo sostenible.

Hacia dónde vamos

Los cambios en las rutinas abren nuevas oportunidades desde todo punto de vista. La flexibilidad es el novedoso concepto que atraviesa el hogar, el trabajo y la educación, que hizo que el éxodo rural se empiece a tener en cuenta como una opción y modificó la lógica atractiva de las grandes ciudades, potenciando a las pequeñas y medianas. Según Gaba, no solo lo acentuó la falta de espacio habitacional, sino también el teletrabajo que “da la posibilidad de vivir donde quieras”. En ese sentido, agrega que “es posible que se empiece a abordar lo que se conoce como workation”, que refiere a la actividad de trabajar y vacacionar al mismo tiempo.

Por su parte, Guillermo propone instalar al paisaje local como un derecho colectivo, en donde sea necesario considerar al paisaje en su complejidad y totalidad al considerar “la  preservación, de acceso, de protección, con co-creación de observatorios, con corredores verdes intraurbanos, con cuidado de recursos naturales, con turismo sostenible”. Es en este contexto donde se refuerza la idea de volver a neosuburbanidades, a la country life y la vida alejada de las grandes urbes. 

La tensión entre la amenaza al contagio, la obligación de aislamiento y el deseo de estar en contacto modificaron la forma en que se habita las ciudades. La pandemia del COVID-19 dejó en evidencia que las ciudades deben prepararse para estas situaciones de crisis. 

Imagen principal: Sean Benesh para Unsplash

Por: Mora Violante

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