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“La casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de la felicidad”, de esta forma describió el reconocido arquitecto francés Le Corbusier su concepto de hogar.

En los tiempos actuales, en los que el confinamiento es obligatorio, el concepto de casa propia se resignifica. Las palabras quedan cortas para describir todo aquello que un hogar puede ser hoy: un refugio, un salón de juegos con los hijos, una oficina, un gimnasio, una cocina gourmet, una clase de universidad, un colegio o un espacio artístico. Por ello, más que nunca es interesante reflexionar acerca de este cambio de paradigma.

Al margen de un universo social saturado de impotencia, simulacro y animosidad, a veces incluso violencia, en un mundo carente de perspectivas, la casa descomprime. Nos permite respirar, dejarnos ser, explorar nuestros deseos”, profundiza la periodista y escritora francesa Mona Chollet, en su libro-ensayo “En casa”. Además, en sus páginas destaca una frase del arquitecto norteamericano Christopher Alexander que llama a la reflexión: “Si alguien no dispone de un territorio propio, esperar que aporte una contribución a la vida colectiva equivale a <<esperar que una persona que se está ahogando salve a otra>>” . 

Por otro lado, la casa que habitamos es parte de nuestra identidad, en ella se desarrolla nuestra intimidad, nuestros lazos familiares, amorosos y de amistad y se representan nuestros deseos y aficiones. Es por eso que los arquitectos mendocinos Cecilia Banille y Germán Berndt enuncian: “La casa es una condición necesaria para que el hombre pueda constituirse y ser persona, desarrollarse, refugiarse y pueda establecer su familia, por ello cada individuo debe gozar una vivienda que lo dignifique”.

En estos días, mientras se intenta buscar ese contacto visual que nunca se encuentra en las videollamadas, sentirse acompañado en la virtualidad y hasta festejar cumpleaños por Zoom, el valor simbólico de un inmueble propio crece cada vez más. El hogar nos conforta en este contexto y muchos repiensan si el lugar que habitan actualmente es en el que desean seguir o si los espacios necesitarán reformas. 

Una de los efectos del confinamiento es descubrir, incluso, de forma involuntaria, si realmente habitamos el hogar que necesitamos y buscar respuestas para esas necesidades. En este sentido, para el arquitecto holandés N. John Habraken es fundamental pensar las unidades en relación a quienes las habitan. Deben reflejar “las circunstancias, deseos, necesidades y aspiraciones del residente individual” y “la personalidad y el estilo de vida” del mismo. 

Respecto a esta reflexión, Lorena Tsolokian, arquitecta y directora de Trama SRL, afirma: “En nuestros proyectos buscamos que todas las unidades sean distintas, la idea es que cada uno tenga un espacio individual distinto al otro y que el conjunto de esas individualidades resulte en una forma más rica. Si sumás todas las secuencias iguales, el producto final es algo estereotipado. Es el no lugar, aquello que es traspolable a cualquier situación o latitud. La idea de la diversidad enriquece el conjunto. Nuestros clientes siempre tienen una reflexión acerca de cómo se piensan viviendo allí, es importante escucharla”. 

Hoy, la pandemia suscita que la sociedad se encuentre ante varios cambios de paradigma: reflexionar acerca de la vivienda propia es uno de ellos. “En este contexto, los programas de las casas están puestos a prueba. Es muy probable que estos se modifiquen y las casas tengan nuevos espacios. Cuando no estás en tu casa, hay cuestiones que no te importa que no estén tan bien pensadas, esta situación te permite repensar los espacios”, analiza el arquitecto Jorge Benavente. Considera que la situación actual propiciará que “las viviendas sean más sustentables y amigablemente ecológicas y que los programas que tienen que ver con los avances de la tecnología sean reafirmados”.

“En este contexto, los programas de las casas están puestos a prueba”

Asimismo, se pone en tela de juicio la idea de confort. En su origen “confortable no se refería inicialmente a la comodidad o al estar a gusto”, explica  Witold Rybczynski en su libro “La casa. Historia de una idea”. “Su raíz latina era confortare – confortar o consolar o reforzar – y este siguió siendo su significado a lo largo de los siglos. (…) Esa idea de apoyo fue ampliándose con el tiempo para incluir a personas y a cosas que permitían cierta satisfacción”, profundiza. Hoy, en tiempos donde el hogar es refugio, la idea de encontrar en él consuelo, vuelve a tomar fuerza.

Uno de los principales cambios que ha precipitado esta pandemia es que la mayoría de las compañías, incluso las más reacias a dar estos beneficios, han migrado al conocido teletrabajo o trabajo a distancia. Las fronteras entre el espacio doméstico y el espacio de trabajo se han borrado. Según el arquitecto, era solo cuestión de tiempo para que “las empresas aceleren una cuenta que vienen haciendo hace mucho tiempo que es el costo que tiene tener los propios edificios para trabajar”. 

En este contexto, se pone aún más en evidencia la tesis de la historiadora urbana argentina Rosa Aboy: “La vivienda tenía y tiene esa doble condición de ser marco productor de prácticas sociales, las que a su vez promueven nuevos modos de pensar y hacer los espacios que las contienen”.“Si la gente se da cuenta que puede trabajar desde su casa y ser igual de productiva, se evita la posibilidad de expandir la mancha urbana y deja de ser necesario que todos trabajen y vivan en capital”, agrega Jorge.

La vivienda tenía y tiene esa doble condición de ser marco productor de prácticas sociales, las que a su vez promueven nuevos modos de pensar y hacer los espacios que las contienen

Las transformaciones históricas y sociales han modificado los espacios que habitamos a través del tiempo, por lo cual en este punto la pandemia puede suponer un antes y un después para el mercado de las propiedades. Un ejemplo es la evolución de la idea de intimidad, hoy tan presente en este contexto, particularmente para aquellos que conviven con una pareja, hijos, amigos o familia. Este concepto se modifica a partir del siglo XVI, cuando se amplía la educación académica formal y los hijos de la familias dejan de pasar largos periodos de aprendizaje en casas de artesanos o de familias burguesas para asistir instituciones educativas y pasar mucho más tiempo en sus hogares. A medida que este y otros factores se profundizaron se modificaron las subdivisiones internas de las casas, cuenta Witold Rybczynski. 

En otro orden de ideas, Le Corbusier advierte que la industrialización modificó el concepto de vivienda en una “máquina de habitar”. De acuerdo al teórico francés, la casa sería una máquina más, como un automóvil o un avión, estandarizada, seriada y despersonalizada.  “La nueva forma de la vivienda tendría la imagen correspondiente a la edad de la máquina, sin cubiertas en punta, con paredes tan lisas como las planchas metálicas y con ventanas y puertas iguales que en las fábricas”, escribió en 1923. 

El modernismo instauró la idea de complejo habitacional masivo y ahora está en crisis”, dice al respecto Tsolokian. En este punto, Benavente, coincide con la arquitecta: “En lo inmediato, es muy posible que la gente evite vivir en aglomeraciones”. ¿Será el comienzo de un nuevo trazado urbano?

Guadalupe Granero, doctora en urbanismo, disiente con estas posturas. Considera que este contexto “pone en crisis ciertos parámetros de cómo se produce el espacio urbano”, pero descree de los determinismos y de que los cambios se generen de forma espontánea. “Me parece que lo que pasa no es que aparecen nuevos problemas, sino no que lo que hay es una especie de conciencia masiva. Hemos logrado que, involuntariamente y de una manera muy trágica, se visibilicen las externalidades negativas que tiene la mala política habitacional”, analiza.

Y a la hora de pensar en posibles transformaciones de las viviendas y del trazado urbanístico, manifiesta: “Me parece que los cambios estructurales, como siempre, dependen de luchas políticas. Entonces creo que la posibilidad de mejorar algunas condiciones habitacionales va a depender de cómo cada sociedad, cada comunidad, se posicione reclamando y promoviendo esas transformaciones”.

Sin embargo, los especialistas coinciden en que “hay un nivel de producción y circulación de ideas muy interesante en los últimos días” en relación a estas problemáticas. Será necesario seguirles el hilo a estos debates y ver cuáles de ellos se materializan.

Imagen principal: Cottobro para Pexels.

Por: Lucía Benavente.

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